agosto 4, 2017

Notas sobre Paterson (Jim Jarmusch, 2016)


La película comienza con una escena preciosa de pareja: ella y él abrazados, recibiendo los primeros rayos de luz de la mañana. Él es capaz de levantarse sin despertador, sin tecnología, sólo con el sol. La escena no sigue lo predeciblemente romántica que podría ser (desayunando juntos en un día libre, por ejemplo) sino, al contrario, él respeta la rutina y desayuna cereal.

Es lunes, y su perro especial con mirada cómica se hace presente. Después de desayunar, él se va a trabajar y ella se queda a pintar. Paterson, el personaje principal, vive en la ciudad Paterson (New Jersey), es interpretado por el actor Adam Driver y su puesto en la película es el de un conductor de camiones (bus driver). Paralelismos interesantes o curiosas coincidencias.

Algo tiene Jim Jarmusch con el número dos, o las parejas o lo dual. Lo descubrí en su película Los límites del control (2009) cuando el protagonista pide de manera imprevista dos espressos en dos tazas separadas («two espressos in two separate cups»). Esta dualidad no sólo está en el nombre del protagonista o en la curiosa coincidencia de Driver como conductor: su manera de sembrarla en la película es con el sueño que ella tiene y se lo dice por la mañana: «soñé que teníamos gemelos». Según IMDB, Jarmusch integró los gemelos en la película de manera casual, sin planearlo.

Poster Paterson

Como película, Paterson nos permite conocer a tanto a la ciudad como al personaje, quien por cierto rechaza tener un teléfono celular, argumentando que todo era mejor antes de que eso sucediera. En vez, el objeto que carga consigo y que le permite aislarse de vez en cuando es su libreta; libreta en la cual escribe poesía. No tiene una existencia dolorosa ni demasiado dramática pero escribe poesía. Escribe sobre la belleza que percibe. Comienza cuando amanece junto a Laura, su pareja y continúa incluso al manejar, al escuchar conversaciones aleatorias de extraños o cuando advierte el puente sobre una cañada que le fascina.

Mientras él es centrado o sobrio, ella da más muestras de locura. Tiene una fijación con el blanco y el negro (¿dualidad una vez más?) como complemento visual, configuración en la cual pinta y prepara panqués marmoleados. Aunque la rutina se mantiene desde el lunes, durante los días consecuentes comparecen detalles y eventos distintos que abren el espectro de los personajes, sobre todo de Paterson. La música y el sonido nos permite imaginar lo que siente mientras maneja: desaparece el sonido de la ciudad o se escucha lejano mientras una atmósfera suena. Esta atmósfera no es proporcionada por alguien ajeno al proyecto. La banda SQÜRL musicalizó la película (está compuesta por Jim Jarmusch y Carter Logan, productor y compositor).

Recomiendo la película porque nos permite imaginar el mundo poético que inspira a Paterson, en sus tomas de la naturaleza, en las palabras que se reafirman en la pantalla y en las conversaciones robadas del día a día. Celebro la importancia que Jarmusch da a las conversaciones: entre protagonistas o entre extraños, es un método suyo enriquecernos con una plática casual entre dos personas sin supuesto motivo alguno. Aunque, si se quisiere, en la película éstas fungen como destellos de la curiosidad de Paterson, siempre atento para conocer a la gente de su ciudad.

El cine permite mostrar historias según lo decida el realizador. El día anterior a Paterson vi Dunkerque, de Christopher Nolan, y me pareció impresionante cómo se cuenta la historia de eventos tan crueles y dramáticos. Al mismo tiempo, podría decirse que en Paterson no hay un problema de tal magnitud, y sin embargo, careciendo de eventos complicados e inhumanos, la película tiene un sentido. Por eso disfruto el cine, por esa capacidad de seducirnos a una perspectiva ajena por unas horas.