octubre 3, 2017

La vida detrás de un terremoto [Segunda Parte]: Mundial de Chile ’62


Segunda Parte

 

En el artículo pasado, mismo que puedes consultar aquí, comenté el caso de Perú: cómo el terremoto y su dolor motivaron a este país al grado de lograr uno de sus mejores papeles en un mundial de futbol. Para Perú, el mundial de México ’70 consistió en dos semanas donde se mezclaron alegría y tristeza, esperanza y desesperación, memoria y olvido, alivio y dolor, pasado y presente… Y también marcaron el inicio de una generación dorada en la historia peruana. Aunque no lograron ser campeones, los cuatro partidos que disputaron entrañan el coraje y la garra de un país en duelo, en vida. Pequeño recordatorio para que te animes a leer la primera parte.

            El sismo que provocó esa historia, de 7.9 según la escala Richter, fue mortal… pero no representa ni la décima parte del terremoto más destructivo que ha podido registrar la humanidad. Éste fue un breve apocalipsis en la década de los sesenta, y estuvo a punto de cambiar la historia del futbol. Es aquí donde Chile escribió una historia motivadora de resiliencia y compromiso; es aquí donde Chile sacó fuerzas de la flaqueza y logró llevar a buen puerto algo que parecía perdido. Ésta es la historia de la organización del mundial Chile ’62.

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Póster Mundial Chile 1962.

10 de junio de 1956; Lisboa, Portugal. En plena dictadura de Antonio Salazar, Lisboa acoge el Congreso de la FIFA para definir la sede del Mundial en 1962. Ya que Alemania Federal había desistido, las dos opciones más viables eran Chile y Argentina. En cuanto a prestigio, Argentina tenía la ventaja por tener más infraestructura y gozar de mayor reconocimiento futbolero. Sabiendo esto, el comité chileno, encabezado por Carlos Dittborn y Juan Pinto Durán, definió una estrategia: convencer a diversos países de que Chile tenía la capacidad para organizar un mundial.

            Llegado el día, Argentina abrió el frente con un discurso conciso donde básicamente hicieron hincapié en que todo estaba listo. Pero llegó el momento de Chile… y Dittborn dio cuatro poderosas razones para que los países le den el voto de confianza al país más largo del mundo: continuidad en la asistencia a torneos y congresos organizados por la FIFA, clima deportivo, tolerancia de credo y raza, y estabilidad política e institucional del país. Además, Dittborn recordó el Artículo 2º de la FIFA, donde la prioridad es privilegiar el desarrollo del futbol en zonas poco fomentadas. Cuando llegó la votación, y se develaron los resultados, cesó la incertidumbre: con 11 votos van para Argentina, 13 en blanco y 32 para Chile, no hubo vuelta atrás. Por decisión más que tangible, Chile organizaría el mundial de futbol de 1962.

            El país latinoamericano se tomó en serio la organización, pues había que responder a los países que depositaron su voto de confianza en la candidatura chilena. Jorge Alessandri, presidente chileno que asumió la investidura en el Palacio de la Moneda en 1958, le dio auge a la organización destinando buena cantidad de dinero para que el mundial se realizara de la mejor manera posible. Si pudiéramos extrapolar al presente el clima que se vivía entre 1958 y 1959, sería parecido a la suspicacia que tiene el mundo respecto la organización del mundial 2022 en Qatar. Para 1960, todo iba bien; sin embargo, si hay algo que no se puede vaticinar, es el futuro. La naturaleza, compleja como la conocemos, se preparaba para descargar su furia contra el pueblo chileno.

            La situación de Chile dentro del Cinturón de Fuego, del que forma parte México, Japón, Perú, Nueva Zelanda y Estados Unidos, entre otros países, lo vuelve una región altamente sensible para los terremotos. Si hay un país que se ha levantado una y otra vez de estas catástrofes, es Chile; principalmente por la extensión de sus costas, la localización de sus volcanes y la formación de Los Andes. Prácticamente, Chile es la línea de frente entre la placa de Nazca y la Sudamericana. La primera se mete por debajo de la segunda, en un fenómeno llamado subducción. Con esto en mente, no es de extrañar que constantemente viva terremotos, pero ninguno se equipara al ocurrido en 1960.

Valdivia

            El 21 de mayo de 1960, la ciudad de Concepción, capital de la región de Biobío ubicada a 500 kilómetros al sur de Santiago, se preparaba para un día más. Apenas unos cuantos habían despertado, cuando a las 6:02 de la mañana la tierra retumbó durante 35 segundos: un terremoto de magnitud 8.1 cimbró la ciudad, provocando 125 muertos y el tercio de las edificaciones destruidas. No obstante, la tectónica apenas se estaba desatando. Al día siguiente, en el Parque de Nahuelbuta, un poco más al sur (Araucanía), se registró a las 6:30 otro terremoto de magnitud 7.1, y un tercero, con epicentro en Purén, también en Araucanía, ocurrió a las 14:56 con magnitud 7.8… A veces se creemos que con semejantes terremotos, la tierra descansará para que podamos resarcir los daños. Qué equivocados estamos.

            Este desastre seguía siendo parte de las conversaciones en Valdivia, capital de la región de Entre Ríos, 850 kilómetros al sur de Santiago, cuando solamente quince minutos después (a las 15:11) se desató el apocalipsis en las cercanías de esta ciudad. Ocurrió el terremoto más fuerte registrado en la historia de la humanidad: magnitud 9.5 en la escala de Richter. Diez minutos de terror, incertidumbre, desesperación y paroxismo; de recordar que la vida es simplemente una serie de coincidencias.

            Hay estudios que dicen que en realidad fueron 37 terremotos concatenados, con epicentros a lo largo de mil 350 kilómetros. Como fuere, este cataclismo devastó una extensión total de 400 mil kilómetros cuadrados (más de la mitad de la extensión chilena). La ciudad de Valdivia fue la más afectada, donde la intensidad del terremoto alcanzó el grado XII (el más alto de la escala Mercalli), ocasiando el desmoronamiento de muchas construcciones y el desborde del río Calle-Calle. Varios tsunamis acaecieron tanto en Chile como en múltiples costas a la redonda: 15 horas después del sismo, a 10 mil kilómetros de distancia, en Hilo, ciudad de Hawái, llegó una ola de 10 metros de altura que mató a 61 personas. Lugares como Japón, el oeste de Estados Unidos, Filipinas, Nueva Zelanda y Samoa también resintieron dichas consecuencias. Por si fuera poco, dos días después del temblor, el volcán Puyehue entró en actividad… No obstante, también podemos hablar de la hazaña de Riñihue, cuando el ejército, autoridades, gobierno, empresas y miles de voluntarios lograron vaciar el lago homónimo y evitar la final desolación de 100 mil habitantes que vivían en Valdivia.

            ¿Cómo entender la magnitud de este terremoto de 1960? Diversos estudios señalan que esta serie de megaterremotos tienen una frecuencia muy escasa: apenas se registra uno cada 300 años. Fue tanta la energía liberada que el eje de la Tierra se movió 3 centímetros y la placa de Nazca se acercó 40 metros (cuando lo normal es que lo hagan 8 ó 9 centímetros al año). Otro dato: el 22.2% de la energía agregada de los terremotos ocurridos entre 1906 y 2005 se liberó en Valdivia. El año de 1960 concetró dos mil muertos, daños incalculables al territorio chileno, dos millones de damnificados, muchos desaparecidos e infinidad de heridos: se tenía que reconstruir Chile desde las cenizas.

Carlos Dittborn CONMEBOL

Carlos Dittborn (fotografía del CONMEBOL).

            Tras saber esto, Dittborn vio la prioridad de un país dañado y decidió regresarle al Presidente Alessandri el préstamo que hizo el gobierno para que se realizara el mundial. Diversas federaciones de futbol, incluyendo a la FIFA, pusieron su granito de arena para que el mundial de Chile se realizara. Obviamente, se replanteó la organización y se tuvo que reconsiderar el uso de ciertas ciudades dado que Talca, Concepción, Talcahuano y Valdivia estaban totalmente destruidas y no podían ser sedes; Antofagasta y Valparaíso no tenían estadios autofinanciados, por lo que quedaron descartadas. Era una situación donde sólo un milagro permitiría que el esfuerzo de Dittborn fuera cristalizado… Y así ocurrió: Viña del Mar, famoso por el festival de música que convoca a lo mejor de Latinoamérica, y Arica, una ciudad a dos mil kilómetros al norte de Santiago, en medio del desierto de Atacama y cerca de Perú y Bolivia, lograron remodelar sus estadios; la minera Braden Cooper Company, empresa estadounidense dueña de la mina de El Teniente (expropiada cinco años después), concedió utilizar su estadio de Rancagua, ciudad que vería las glorias del club O’Higgins, y la capital, Santiago, tenía el estadio Monumental. Con cuatro sedes, ya era posible organizar el Campeonato Mundial.

            El mundo entero quedó maravillado de ver cómo un país se levantó de la nada y para brindar el torneo deportivo más televizado alrededor del globo. El nivel del futbol fue decepcionante, pero eso ya no fue responsabilidad de los chilenos, quienes lograron ver a su selección recibir el tercer lugar (su mejor actuación hasta la fecha). México, tras una de las clasificaciones más maratónicas de la historia, logró uno de los papeles más sobresalientes: encajó una derrota de 2-0 en Viña del Mar ante el campeón vigente Brasil (quien volvería a quedar campeón), otra derrota (una de las más dolorosas de la historia) de 1-0 ante España, y su primera victoria de 3-1 ante Checoslovaquia, quien terminaría subcampeona.

            Todo esto se logró con el esfuerzo de Carlos Dittborn, también presidente de la CONMEBOL en 1957, quien no logró ver los resultados de su obra, pues falleció a 42 días de inaugurarse el campeonato mundial debido a una pancreatitis aguda. El homenaje a su memoria incluyó ponerle su nombre al estadio de Arica, sede ahora del San Carlos de Arica, equipo de Primera B, y lugar donde se anotó el primer gol olímpico de un mundial (un gol de Colombia a la Unión Soviética). Para concluir, este dirigente pronunció la frase célebre que se volvió divisa del mundial, está inscrita en el estadio de esta ciudad y trasciende hasta nuestros días: «Porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo».