La fiesta de la Candelaria y su aporte culinario


La fiesta de la Candelaria es una celebración popular católica en honor a la Virgen aparecida en Tenerife (Islas Canarias). Si bien tuvo su auge en la España del siglo XV, los orígenes propios de la celebración se pueden trazar hasta las fiestas lupercales de la antigua Roma.

Las fiestas lupercales celebraban la iniciación de los varones en la edad adulta, reminiscencia del periodo en que los hombres romanos tuvieron que vivir merodeando en el bosque para sobrevivir, hasta que Fauno Luperco se convirtió en loba y amamantó a Rómulo y Remo para así iniciar la fundación del imperio romano, entrada en la madurez de la propia civilización. Lupercales proviene de lupus, lobo en latín. Concepto directamente asociado con la leyenda fundacional, con el comportamiento que requieren los adolescentes para sobrevivir y su posterior atribución como lupercos. Hombres lobo que salían desnudos durante las fiestas, celebradas el 15 de febrero, para azotar a las mujeres que les gustaban a lo largo del camino con correas de cuero, en estricto simbolismo sexual.

Para el año 494 el Papa Gelasio prohibió dicha tradición, cristianizando esta festividad y sustituyéndola por las celebraciones del 2 y el 14 de febrero. La que le correspondió al 2 enfatizó la procesión de las candelas (encendiendo cirios, antorchas y candelas), celebra la proclamación de Cristo como «luz de las naciones», presenta al niño Jesús en el templo y la purificación de la Virgen María.

De acuerdo a Juan Bernardino de Sahagún, en la época prehispánica se celebraba algo similar en México. La fiesta consistía en presentar una mazorca ante los dioses tlaloques (ayudantes de Tláloc, dios de la lluvia) para que fuera bendecida. Esto implicaba el inicio de un nuevo ciclo agrícola, que bien bendecido gozaría de lluvia. Aunque para el calendario azteca era el undécimo día del primer mes, su inicio de ciclo agrícola en calendario gregoriano quedaría sorprendentemente fechado, también, el 2 de febrero.

Con la llegada de los españoles dicha celebración se cambió por el ritual de llevar vestido al niño dios a la iglesia y oír misa, para después colocar a la figura en un nicho donde permanecía el resto del año. A pesar de que el ritual prevalece en ciertas regiones del país, la costumbre verdaderamente arraigada trata de degustar tamales con rellenos tanto dulces como salados, envueltos en hoja de maíz ó plátano, con queso, carne de cerdo o de pollo. En cada familia, el encargado de hacer los tamales es aquel o aquellos a quienes el día de reyes se les apareció un muñeco en la rosca. También es parte de la tradición acompañar los tamales con atole, champurrado, arroz con leche o café. Si los tamales son salados puedes encontrarlos con salsa roja con rajas verdes, de salsa verde molcajeteada o de mole con pollo. De lo contrario, lo común en tamales dulces es agregar azúcar color rosa a la masa para pigmentar, luego se rellenan de pasas con anís, mermeladas, fruta o crema pastelera. Aunque comer tamales es consuetudinario para los mexicanos, el 2 de febrero pasan a ser simbólicos; más allá de su carga religiosa católica, señalan la gran tradición de las reuniones familiares.