agosto 14, 2017

El llanto de Comala [parte 2]


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Para llegar a Uruapan, Michoacán, es necesario cruzar la carretera a través de Antúnez. Un poco más allá de Tacámbaro. la región está inmerso debajo de un mar verde: miles de hectáreas de un árbol que fácilmente se confunde con el olmo, y cuyo nombre real es Persea americana. Hay apenas siete municipios de Michoacán que contienen en abundantes cantidades este árbol, donde crece el aguacate, de esa zona viene más de 85% del total que se produce en nuestro país.

En esos campos, se emplean decenas de miles de aguacateros para cada etapa de la producción de la fruta más demandada del mundo. Son kilómetros enteros atravesando el mar verde de lunares negros para llegar a Uruapan. A menos de una hora de alcanzar la ciudad, vemos un letrero de bienvenida a la zona de Nueva Italia —acertada ironía—, ahí comienza la zona de Tierra Caliente. Si uno se asoma a mirar al campo, difícilmente se imagina que el narcotraficante vigente más poderoso del país comenzó trabajando así, subiendo y cortando aguacates bajo el sol michoacano, cuando eran tiempos mejores y más pacíficos. Ramón Oseguera Cervantes, nació aquí, en Tierra Caliente, hace 51 años. Adoptó el nombre de Nemesio, hay muchos rumores, pero ninguno convincente, del porqué. La vida de Nemesio Oseguera, como la de otros habitantes de esta región, no es miel sobre hojuelas. No en México. Culturalmente, los jóvenes mexicanos de zonas rurales dejan los estudios cuando cumplen 14 o 15 años, porque a esa edad se convierten en un lastre si no traen dinero a casa. El estudio de la secundaria lo permite al inicio: ganan unos pesos por la tarde. Pero eventualmente su responsabilidad aumenta: tendrán que hacer más dinero.

En esas condiciones, Nemesio partió a Estados Unidos a mediados de sus años veinte. Se le documenta por primera vez en actividades ilícitas, cuando de acuerdo a un comunicado del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, en 1994, fue condenado a prisión por tres años en el Distrito Norte de California, acusado de conspirar para montar una red de heroína. No se nace en Tierra Caliente, donde el crimen organizado opera desde hace 50 años, primero en paz, luego resistiendo su propia guerra, sin entender las ventajas que la compra-venta de narcóticos le da a un individuo de recurso limitados que de pronto ve en el narcotraficante a un líder, un anhelo: la opulencia, el negocio, el respeto, los lujos… Ninguna oferta laboral es tan ambiciosa y aspiracional para los jóvenes de la región.

Lo siguiente que se sabe de Nemesio Oseguera, según su perfil criminal de Insight Crime es que trabajó para el sanguinario sicario Armando Valencia «El Maradona» del Cártel Milenio, vinculado a Nacho Coronel, entonces capo del omnipotente Cártel de Sinaloa. En la clandestinidad, Oseguera permanecería trabajando como sicario en la tierra. Acostumbrándose a la sangre y al olor a carne, los aullidos y las súplicas de las víctimas de sus encargos, el hedor a humo y pólvora. Así transcurrió su vida hasta 2010 que, durante la pesquisa calderonista por tirar a los capos del narco, murió Nacho Coronel, del Cártel Sinaloa, y el entonces líder del Cártel Milenio, Óscar Orlando Nava, cayó preso.

Así, dentro del cártel quedaron dos fracciones de sicarios altamente volátiles: Los Torcidos y La Resistencia. Ambos grupos aprovecharon la geografía para pasarse de Tepalcatepec, Michoacán, al estado vecino: Jalisco. Sin ninguna clase de códigos, como el que existía entre el viejo narco, y sin ninguna regla más allá de la de ley de supervivencia, se disputaron el territorio nuevo en Jalisco. De igual forma endurecieron sus medidas y la brutalidad de sus actos de sosiego para mantener presencia en Tierra Caliente.

En esos años, que culminaba el sexenio panista, los Caballeros Templarios y las cabecillas del Cártel de Sinaloa (CS), con su líder, Joaquín«El Chapo» Guzmán, preso, eran la prioridad de las fuerzas del gobierno mexicano. Un par de grupos de sicarios independientes era, a los ojos de quienes lideraban la estrategia de lucha contra el crimen organizado, una clase de delincuentes más. El mismo error de menosprecio que llevó a los Zetas a ser un grupo de gran poder: se seguía teniendo una creencia honda en que muertos los líderes, sus vasallos y matones no tendrían fondos para operar e irían cayendo o evidenciando sus paraderos. Midieron de menos la vara. Pero no el líder de Los Torcidos, Nemesio «El Mencho» Oseguera, que se hizo de una basta red de operadores e informantes. Siempre mesurado, logró dominar el territorio que se disputaba contra La Resistencia, cuyos últimos forajidos fueron a refugiarse en terreno del inmaculado Cártel de Sinaloa.

De 2012 a 2014, cuando proliferó el movimiento de las Autodefensas, Mencho se sirvió de su añagaza para infiltrar gente suya entre las iniciativa ciudadana para mantener la seguridad, y así coadyuvó para terminar con los vestigios de los otrora vigorosos cárteles de La Familia Michoacana y Los Caballeros Templarios.

Mencho tuvo un ascenso meteórico en el narcotráfico nacional gracias a sus métodos bestiales, combinados con su destreza y habilidad para mantener un bajo perfil. Esta discreción y empeño de control fue tan eficaz, que incluso el enorme Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), del cuál es amo y capo este michoacano, no confirmó su existencia sino hasta años mucho después de su entera consolidación.

Mencho ha estado apunto de ser atrapado en dos ocasiones, como documentó el especialista en seguridad en su columna de El Universal, Alejandro Hope: Las primera vez se sirvió de su amplia red de influencias para salir de la zona donde la inteligencia mexicana lo tenía ubicado. La segunda vez, en 2015, un sicario de Oseguera derribó el helicóptero militar que lo había ubicado e iba por él. Si uno indaga en estas dos operaciones para capturarlo, evidenciará una dualidad terrorífica: primero, la relevancia que le da Gobierno Federal por atrapar a este capo. En segundo lugar, su enorme poder militar y armamentista, así como el profundo dominio que tiene. Halcones, informantes, policías estatales, municipales, federales, militares.

Su perfil criminal denuncia que ha sido autor de asesinatos de varios políticos mexicanos. Y un hombre landino, que ha sido capaz de engañar a periodistas estableciendo gente que funcione como fuente confiable, proporcionándoles información que ha conducido incluso a encarcelar a sus rivales.

No es secreto que Los Caballeros Templarios y el CS trabajaban juntos. La participación del CJNG en la extinción de los michoacanos, soliviantó el clima de por sí tenso con la organización del Chapo Guzmán. Este hecho, aunado a la presión de los gobiernos de Jalisco y Sinaloa por menguar las fuerzas de estos dos monstruosos grupos de terror, los hicieron migrar a otras tierras. Por una parte, los gobiernos estatales de estos estados cometieron el error de cerrarle las puertas en sus tierras para socavar su presencia y jactarse de la seguridad que eso conllevaría. Pero no llevaron a cabo una operación para desmantelarlos. Las rencillas emigraron con ellos a Colima, y también a Guanajuato, estados que antes no mostraban indicios de alta violencia, en contraste con sus vecinos del norte y la costa oeste.

El caso de Colima, a donde descendió el CS, y donde igualmente el CJNG ha querido montar sus redes y operar su tráfico, ha desembocado en una sanguinaria lucha que en 2016 lo convirtió en el estado con mayor número de asesinatos. Y la lucha no parece tener una pared de tope. Hasta ahora, la precaución de Mencho ha sido tal, que solamente hay dos evidencias pública sobre él: una grabación entre él y un policía a quien llama Delta 1, donde escuchamos con toda claridad y escalofrío cómo aplaca a un líder policiaco. La otra evidencia es una única fotografía de él, una de hace más de 20 años, cuando fue detenido en California.

Hoy, con el Chapo preso y extraditado, El Mencho Oseguera es el narcotraficante más poderoso y buscado del orbe; representa al nuevo narcotráfico sin leyes, sin afanes más allá del dinero y el control. El dolor de Colima, el llanto de miles de familias, y un país que exhala sangre porque no hemos sabido combatirlo…